Según el último censo del INEGI, en México existen más de 6 millones de viviendas deshabitadas, es decir, viviendas totalmente construidas que no cuentan con residentes habituales, no son de uso temporal ni se destinan a actividades económicas. En Aguascalientes, se estima que hay más de 60 mil viviendas deshabitadas, de las cuales 37 mil se encuentran en la capital. Aunque no todas están en abandono —muchas permanecen vacías por diversas razones—, en los últimos meses el gobierno estatal ha expresado su preocupación por el creciente número de viviendas en esta situación.
El abandono de viviendas es un problema latente en muchas partes del país, particularmente en áreas donde se han construido grandes desarrollos habitacionales sin contar con satisfactores esenciales como transporte público, escuelas, centros de salud y fuentes de empleo. En algunos casos —como en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, donde existen 77 mil viviendas abandonadas—, este fenómeno ha permitido que el crimen organizado ocupe ilegalmente las viviendas, utilizándolas como fosas clandestinas, casas de seguridad, para la venta y consumo de drogas y el almacenamiento de mercancías robadas.
Aunque en Aguascalientes la magnitud de este problema aún es menor en comparación con otros municipios, es urgente tomar medidas para frenar el abandono y sus consecuencias económicas y sociales. Además, el Gobierno Estatal ha anunciado su intención de construir más de 7 mil viviendas en los próximos años, lo que hace sumamente importante diagnosticar las causas del abandono para evitar que se repitan en nuevos desarrollos.
El Instituto de Vivienda Social y Ordenamiento de la Propiedad (IVSOP) ha propuesto la creación de un padrón de viviendas deshabitadas. Sin embargo, es fundamental ir más allá de la simple identificación de los inmuebles e investigar las causas subyacentes de este fenómeno para diseñar políticas habitacionales más efectivas.
De acuerdo con estudios multidisciplinarios —sociales, estadísticos, espaciales, etcétera— realizados en municipios con altas tasas de abandono, como Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, y Zumpango, Estado de México, las causas son diversas y requieren soluciones integrales.
Por ejemplo, una escasa educación financiera ha dificultado a muchos compradores de viviendas comprender plenamente las obligaciones derivadas de los créditos hipotecarios, lo que, aunado a la ineficacia de algunas instituciones financieras para explicar las condiciones de pago, ha contribuido a la morosidad y, eventualmente, al abandono. En este proceso también han influido empresas de gestoría que cobran comisiones por volumen de colocación de créditos y que, en ocasiones, han persuadido a los compradores sin ofrecerles información completa.
Asimismo, la ubicación de los desarrollos habitacionales, muchos de los cuales se encuentran en las periferias, lejos de los centros de empleo y servicios, ha obligado a las personas a destinar gran parte de su tiempo y dinero al transporte, ya sea mediante múltiples transbordos entre autobuses, taxis, mototaxis, etcétera, o adquiriendo vehículos propios. El gasto en transporte ha llegado a representar entre el 30 % y el 50 % del gasto mensual de algunos hogares. Por ello, algunas personas han optado por deshabitar sus viviendas y alquilar otras más cercanas a sus lugares de trabajo.
Más aún, durante los procesos de preventa, algunos desarrolladores han utilizado prácticas engañosas que han influido en el abandono. Por ejemplo, han mostrado «casas muestra» con características superiores a las viviendas finales, como más baños y habitaciones, e incluso han ofrecido transporte privado desde los centros urbanos hasta los desarrollos habitacionales para crear la falsa impresión de que se encuentran más cercanos a las zonas de empleo y servicios. Al percatarse de que las viviendas eran de menor calidad y los trayectos mucho más largos, muchos compradores desocuparon las viviendas.
Además, la baja calidad de los materiales de construcción de muchas viviendas ha provocado problemas como filtraciones, humedades y conflictos de ruido entre vecinos, y ha facilitado el robo de viviendas, pues algunas estructuras pueden destruirse con facilidad. A esto se suman los problemas de espacio insuficiente, lo que incrementa el hacinamiento y propicia conflictos intrafamiliares, factores que también han contribuido al abandono.
Estos ejemplos ilustran que el abandono de viviendas es un reto complejo que requiere soluciones integrales. En Aguascalientes, es fundamental examinar las causas reales del abandono para formular e implementar políticas habitacionales más eficaces. No hacerlo podría agravar este problema.
Este texto se publicó el 27 de enero de 2025 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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