En México, la discusión sobre la producción de vivienda suele enfocarse en aspectos cuantitativos, como el número de viviendas que un gobierno se propone construir durante su administración, pero rara vez se aborda el tema de la calidad de las viviendas, un aspecto crucial para aprovechar su potencial como plataforma de desarrollo. Un ejemplo reciente es el anuncio del gobierno federal, que manifestó su intención de construir un millón de viviendas durante este sexenio, sin detallar, por ejemplo, dónde estarán ubicadas o cuáles serán sus características cualitativas.
En ese contexto, en las últimas décadas, en México se han desarrollado millones de viviendas, pero muchas de ellas de baja calidad: espacios habitables mínimos, materiales de poca durabilidad, ubicaciones distantes de los empleos y servicios, etcétera. En parte, por ello existen más de 6 millones de viviendas deshabitadas, muchas de las cuales se encuentran abandonadas.
Por lo tanto, existe la necesidad de producir más vivienda, pero, sobre todo, mejor vivienda. Para ello, es indispensable pasar de una visión meramente arquitectónica de la vivienda a una más integral, que conciba la vivienda como una plataforma para acceder a mejores oportunidades. En este sentido, la calidad es un factor fundamental.
Pero, ¿cómo influye la vivienda en el desarrollo de las personas? ¿Qué dice la evidencia internacional?
Mejores condiciones de salud
En México, la sustitución de suelos de tierra por concreto en las viviendas ha reducido en 78% las infestaciones parasitarias, en 49% los casos de diarrea y en 81% la prevalencia de anemia (Cattaneo et al., 2007), lo que resalta la importancia de la calidad de los materiales de construcción. El acceso a servicios básicos también es esencial para la salud. Por ejemplo, en la India, se estima que la prevalencia de diarrea en niños menores de cinco años es 21% mayor en hogares sin conexión directa a agua potable (Jalan et al., 2001)
Además, el hacinamiento está relacionado con un mayor riesgo de transmisión de enfermedades, pues la reducción del espacio habitable incrementa la proximidad física entre los habitantes y limita la ventilación. En São Paulo, Brasil, el hacinamiento ha sido asociado con un aumento de 2.5 veces en la incidencia de infecciones respiratorias (Cardoso et al., 2004). Ampliar las superficies habitables puede ayudar a mitigar esta problemática.
Mejor desempeño educativo
El acceso a servicios básicos está vinculado al desempeño educativo de los niños y adolescentes. En Bangladesh, un estudio (Khandker et al., 2009) encontró que la instalación de sistemas fotovoltaicos en viviendas de comunidades sin acceso a electricidad aumentó el tiempo de estudio de los jóvenes, mejorando su rendimiento académico.
Por otro lado, el hacinamiento puede interferir con la capacidad de aprendizaje debido al exceso de ruido y la falta de privacidad, factores que afectan la concentración. En algunas comunidades de Francia, se estima que el 59% de los adolescentes que viven en viviendas con más de una persona por habitación experimentan retrasos en su desempeño escolar (Goux et al., 2005), lo que sugiere que el tamaño de las viviendas puede incidir en el rendimiento académico.
Mayor acceso a empleos
El acceso a servicios como la electricidad puede facilitar el acceso a empleos, especialmente en hogares en situación de pobreza. Por ejemplo, en Nicaragua, proyectos de electrificación han incrementado en 23% la probabilidad de las mujeres de trabajar fuera del hogar (Grogan et al., 2013). En la India, el acceso a electricidad en la vivienda ha aumentado en 17% los ingresos mensuales de los hogares más pobres, ya que la electricidad permite a las personas destinar más tiempo a actividades productivas (Samad et al., 2016)
Menor gasto en transporte
La ubicación de las viviendas influye en el gasto mensual de un hogar. Por ejemplo, vivir lejos de las áreas con mayor concentración de empleos y servicios aumenta las distancias y los tiempos de traslado, lo que a su vez eleva el gasto en transporte. Un estudio (Libertun, 2018) indica que, en Puebla, el gasto mensual en transporte de un hogar ubicado en la periferia representa el 34% de su gasto total, mientras que un hogar en una zona más céntrica destina alrededor del 16%. Esto puede limitar el gasto de un hogar en otros rubros como educación y salud, por lo que la ubicación de la vivienda es un factor fundamental.
¿Más vivienda o mejor vivienda?
En México, se estima que existe un déficit cuantitativo de 591 mil viviendas, que corresponde a la cantidad de unidades necesarias para satisfacer la demanda actual. Además, se calcula que, en promedio, se requerirán alrededor de 22 mil viviendas anuales para atender la demanda adicional hacia el año 2050. Por otro lado, el déficit cualitativo asciende a 8.9 millones de viviendas, lo que refleja deficiencias en cuanto a materiales, acceso a servicios y espacio habitable en las viviendas existentes (Conavi, 2022). Por lo tanto, para satisfacer las necesidades habitacionales de la población y aprovechar el potencial de la vivienda como plataforma de desarrollo, no solo es indispensable construir más viviendas sino también mejores viviendas.
Este texto se publicó el 25 de febrero de 2025 en Líder Empresarial.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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