Recientemente se dio a conocer que el Congreso del Estado está formulando una “Ley de Verticalidad”, cuyo objetivo es promover la “construcción de edificios de mayor altura” en zonas donde “el uso del suelo y la disponibilidad de servicios lo permitan”. Según sus impulsores, esta ley busca “contener la expansión horizontal de la ciudad y fomentar un desarrollo urbano más ordenado y eficiente”. Para lograrlo, se pretende eliminar normativas vigentes, como la de asoleamiento, que regula la altura de los edificios al exigir un número mínimo de horas de sol para todas las viviendas, incluyendo las casas colindantes. Pero, ¿qué implica realmente la vivienda vertical?
En primer lugar, es evidente que Aguascalientes ha experimentado una expansión acelerada hacia la periferia, lo que ha generado externalidades negativas para la ciudad y desafíos para los gobiernos locales. Por ejemplo, muchas personas viven cada vez más lejos de los centros de empleo y servicios, concentrados en zonas más céntricas. Esto aumenta las distancias de traslado y limita la posibilidad de desplazarse a pie, en bicicleta o en transporte público, lo que fomenta la dependencia del automóvil e induce el crecimiento del parque vehicular, provocando un mayor tráfico vial, entre otros retos. Igualmente, la expansión desordenada eleva los costos de prestación de servicios básicos como agua, drenaje y alumbrado, pues las redes de infraestructura deben extenderse a zonas periféricas sin cobertura.
En ese contexto, la densificación urbana, entendida como el aumento de viviendas y población en zonas más céntricas, puede ayudar a mitigar algunos de los retos de la expansión horizontal. La vivienda vertical es una de las formas de impulsar esta densificación, al permitir más viviendas en un mismo terreno. Sin embargo, una mayor altura de los edificios no siempre significa una mayor densificación. Pueden existir edificios de mediana altura con una mayor densidad habitacional que una torre de gran altura, por lo cual sería más adecuado hablar de vivienda multifamiliar en lugar simplemente de verticalidad.
Ahora bien, la vivienda multifamiliar puede aumentar la oferta habitacional en zonas más céntricas al reducir la necesidad de suelo, pero no garantiza por sí sola una mejor calidad de vida ni mayor acceso a oportunidades en la ciudad. Los detalles son clave. Por ejemplo, este tipo de vivienda con frecuencia se asocia con la percepción de hacinamiento, pérdida de privacidad y conflictos vecinales debido a la reducción del espacio habitable. Por ello, un diseño arquitectónico adecuado y un entorno urbano de calidad (parques, calles, etc.) son indispensables para que la vivienda multifamiliar mejore la calidad de vida.
Por otro lado, si la vivienda multifamiliar efectivamente se construye en ubicaciones más cercanas a las oportunidades de empleo, salud, educación y recreación, podría ayudar a reducir las distancias de traslado y facilitar el uso de modos de transporte más sostenibles. Sin embargo, la infraestructura peatonal y ciclista en muchas partes de la ciudad es deficiente o inexistente, lo que obliga a las personas a depender del automóvil, aun en zonas céntricas. Lo mismo sucede con el servicio de transporte público, que carece de la calidad necesaria para aumentar su uso.
En ese sentido, es fundamental implementar políticas integrales e invertir en sistemas e infraestructura de movilidad sostenible. De lo contrario, aumentar la población en una zona sin mejorar la movilidad podría saturar rápidamente la infraestructura vial.
La densificación también puede ayudar a optimizar la inversión pública en servicios como agua, drenaje y alumbrado al reducir la necesidad de extender las redes hacia las periferias. No obstante, si no se realizan inversiones para ampliar la capacidad de estas infraestructuras en donde se busca promover la vivienda vertical, podría afectarse la calidad de los servicios.
Para maximizar los beneficios de la vivienda multifamiliar y abordar los desafíos de la expansión urbana, se necesita un enfoque integral que contemple la mejora de la infraestructura de servicios, la movilidad y la creación de un entorno urbano de calidad, con una adecuada mezcla de usos del suelo, calles bien diseñadas, parques y espacios públicos, entre otros elementos.
De no ser así, facilitar la vivienda vertical eliminando regulaciones urbanísticas y entregando derechos de construcción sin planeación adecuada ni esquemas para distribuir equitativamente las cargas y beneficios del desarrollo urbano, y sin inversiones públicas o privadas en elementos esenciales de una ciudad funcional, podría favorecer a unos cuantos, aumentando la rentabilidad de sus proyectos, sin generar grandes beneficios para la ciudad.
Este texto se publicó el 07 de abil de 2025 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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