En días pasados, la Coordinación General de Movilidad (CMOV) de Aguascalientes anunció la posibilidad de otorgar una segunda concesión de transporte público para, según explicó, ampliar la cobertura y mejorar el servicio en zonas de alta demanda y comunidades alejadas. En tono justificativo, afirmó que, a tres años del inicio de la primera concesión, la modernización del sistema presenta “un avance de entre 60% y 70%”.
Pero, ¿en qué consiste exactamente ese avance? ¿Cuáles son los resultados en términos de calidad del servicio? ¿Ha mejorado la movilidad —y la calidad de vida— de las personas? ¿Es hoy el transporte público mejor que antes? ¿En qué aspectos y en qué medida?
La experiencia de los usuarios sugiere que, pese a la renovación de autobuses, las mejoras en cobertura, frecuencia, confiabilidad y velocidad —los factores que más impactan en la movilidad— siguen siendo limitadas. Hoy, un trayecto en transporte público puede tomar el doble o el triple que en vehículo particular. Es decir, el transporte público en Aguascalientes no es competitivo ni atractivo.
Por lo tanto, antes de plantear nuevas concesiones, ¿no debería la CMOV informar, con datos y evidencia, qué logros concretos se han alcanzado en estos años? ¿Por qué no presentar un informe con indicadores de desempeño del transporte que permita evaluar avances frente a metas específicas, como hacen muchas agencias de movilidad en el mundo?
Por ejemplo, habría que conocer cómo ha evolucionado el número de usuarios y viajes diarios en transporte público en la entidad. ¿Se utiliza hoy más que antes, o hay una disminución, como parece ser el caso? Este dato permitiría valorar la eficacia de la política de transporte: una pérdida de usuarios y viajes reflejaría un fracaso de estrategia.
También es clave saber qué porcentaje de la población vive a menos de 800 metros de una parada de autobús, el estándar de proximidad recomendado, ya que la cercanía a una ruta incide directamente en su uso. ¿Ha aumentado ese porcentaje o disminuido? Es evidente que en Aguascalientes aún existen muchas zonas sin cobertura de transporte.
La confiabilidad es otro punto crucial. Saber que un autobús llegará a la hora programada brinda certidumbre. ¿Qué tan puntual es el servicio? ¿Cuántos minutos, en promedio, se demora el servicio respecto al horario previsto? ¿Esta diferencia es menor que antes? Sin mejoras en este rubro, es difícil que los usuarios perciban algún progreso real.
A esto se suma la frecuencia del servicio, un factor clave para que el transporte público sea una opción competitiva. Idealmente, el intervalo entre unidades no debería superar los 15 minutos, ya que este aspecto impacta directamente en el tiempo de espera en las paradas. ¿Cuál es hoy el tiempo promedio de espera? ¿Es menor que antes? ¿En qué medida? Si una persona debe esperar 30 minutos o más para abordar buscará usar otro modo de transporte.
Otro aspecto crítico es la velocidad comercial del sistema —la velocidad real de los autobuses considerando paradas y tráfico—. Sistemas eficientes logran velocidades superiores a 25 o 30km/h. Velocidades menores a 15km/h indican un sistema lento y poco atractivo. ¿Cómo se ha comportado este indicador? ¿Ha mejorado o sigue igual?
La cobertura horaria también es clave. Es necesario saber si existen suficientes rutas que operen, por ejemplo, entre las 10 p.m. y las 6 a.m. para satisfacer la demanda por transporte de quienes trabajan en turnos nocturnos o deben salir muy temprano. Lo mismo para fines de semana: ¿el servicio es suficiente?¿Ha mejorado la disponibilidad horaria?
Por otro lado, la infraestructura para transporte público —como carriles exclusivos—es indispensable para mejorar la velocidad, reducir tiempos y elevar la confiabilidad. ¿Cuántos kilómetros de esta infraestructura existe en Aguascalientes? La respuesta es evidente: no hay ningún avance. O bien, ¿se ha creado infraestructura nueva en el actual gobierno para facilitar transbordos entre rutas y hacer más eficientes los traslados? ¿Cuál?
Otro punto fundamental es la accesibilidad. ¿Cuántos autobuses tienen piso o entrada baja para facilitar ascensos y descensos?, o ¿qué porcentaje de los paraderos cumple con criterios de accesibilidad para personas con discapacidad o movilidad reducida? La realidad es que gran parte del sistema no tiene paraderos adecuados, mucho menos accesibles.
En conclusión, la evaluación de mejoras en el transporte público debe sustentarse en información precisa, útil y verificable. En otras palabras, cualquier avance en el servicio debe demostrarse con datos objetivos y evidencia rigurosa. Solo así la CMOV podrá convencer a la ciudadanía de que una nueva concesión es justificada. Y solo así sabremos si realmente estamos mejor que antes.
Este texto se publicó el 30 de junio de 2025 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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