En las últimas semanas, Aguascalientes ha experimentado precipitaciones intensas que han inundado distintos puntos de la ciudad, afectando infraestructura, viviendas y servicios. Estas inundaciones, que se repiten cada año, evidencian que la ciudad no está diseñada ni preparada para enfrentar fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, los cuales se intensificarán con el avance del cambio climático.
Frente a este panorama, Aguascalientes no está preparado para coexistir de manera más sostenible con la naturaleza ni para resistir los impactos climáticos. La destrucción de ecosistemas naturales, la reducción de la cobertura vegetal, la obsesión por cubrir la ciudad de concreto y la deficiente planeación urbana son factores que aumentan —y, de no mejorar, seguirán aumentando— la vulnerabilidad de la ciudad. Veamos.
En los últimos años, la ciudad ha crecido aceleradamente bajo un modelo expansivo que sustituye suelos naturales por superficies impermeables de concreto o asfalto, en grandes conjuntos habitacionales, calles y avenidas, estacionamientos y otras infraestructuras duras. La sustitución de superficies naturales por impermeables reduce la capacidad de absorción del suelo y convierte a la ciudad en una auténtica piscina.
En ese contexto, la planeación tradicional supone que la única forma de manejar el agua de lluvia es conducirla fuera de la ciudad mediante infraestructura gris, como colectores pluviales, canalización de ríos y encauzamiento de arroyos, en lugar de permitir que una parte del agua se infiltre localmente. Ese tipo de infraestructura es necesaria y debería fortalecerse —por ejemplo, invirtiendo más en obras hidráulicas en lugar de destinar recursos a nuevos foros para espectáculos—, pero también es urgente explorar soluciones complementarias que permitan a la ciudad comportarse como una esponja: absorber el agua en lugar de mantenerla en la superficie. Esto implica respetar e incorporar suelos naturales, en lugar de cubrirlos completamente con materiales impermeables, una estrategia que ha demostrado ser poco efectiva para adaptarse a fenómenos naturales.
Aguascalientes necesita adoptar con seriedad nuevas visiones y estrategias para adaptarse a condiciones climáticas cambiantes y prevenir daños futuros derivados de lluvias más intensas. Por un lado, es indispensable contar con instrumentos normativos que incluyan criterios más rigurosos de planeación urbana, para evitar nuevas construcciones en zonas de riesgo no mitigable por inundación y reducir la vulnerabilidad de asentamientos ya existentes mediante inversiones en infraestructura.
Por otro lado, la ciudad puede replicar experiencias exitosas de adaptación a fenómenos naturales. En el mundo, muchos gobiernos locales han implementado planes ambiciosos para prevenir inundaciones que combinan infraestructura gris —como colectores y redes de alcantarillado— con infraestructura verde, que consiste en aprovechar vegetación, suelos y procesos naturales para gestionar mejor el agua de lluvia.
La infraestructura verde —como áreas forestales o grandes parques y jardines— amplía la superficie de absorción e infiltración del agua en los entornos urbanos, lo que reduce los escurrimientos y el agua que permanece en la superficie. La absorción del agua pluvial no solo puede ayudar a evitar inundaciones, sino también a recargar acuíferos y almacenar agua de lluvia para su reutilización. Conservar y ampliar los suelos naturales es, por tanto, una medida clave para reducir riesgos naturales; no eliminarlos, como se hace con frecuencia en la actualidad.
Asimismo, muchas ciudades están impulsando estrategias de infraestructura azul, centradas en la restauración de ríos, arroyos y humedales, los cuales pueden captar grandes volúmenes de agua y conducirla hacia zonas de recarga o cuerpos de agua naturales. Un ejemplo potencial en Aguascalientes es el río San Pedro, que actualmente se encuentra en malas condiciones y cuya recuperación difícilmente se hará realidad en lo que resta del actual gobierno estatal.
Y en otros casos, los gobiernos están innovando la infraestructura para manejar y aprovechar el agua de lluvia, como en el municipio de San Pedro Garza García, donde recientemente se construyó una cisterna de 1.5 millones de litros debajo de una nueva cancha de futbol para captar, almacenar y reutilizar el agua de lluvia.
En suma, las recientes inundaciones representan una oportunidad para repensar la ciudad y decidir qué modelo urbano queremos: ¿una ciudad que ignora los riesgos climáticos y agrava su vulnerabilidad, o una ciudad que se adapta con inteligencia para resistir fenómenos naturales? Para esto último, necesitamos transitar de una visión de ciudad estrecha y cortoplacista a una más amplia, integral y con perspectiva de largo plazo. Pero, sobre todo, priorizar el beneficio colectivo en las decisiones de política pública e inversión.
Este texto se publicó el 14 de julio de 2025 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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