Desde hace varios años, Aguascalientes se ha transformado en una ciudad diseñada y construida para los automóviles. La infraestructura vehicular de alta capacidad —como distribuidores viales y pasos a desnivel— ha fragmentado la ciudad y limitado la movilidad de quienes se desplazan en modos distintos al automóvil. Hoy, moverse a pie, en bicicleta o incluso acceder al transporte público resulta más difícil. Las personas están cada vez más confinadas a sus vehículos, viviendas y lugares de trabajo, mientras que las oportunidades de disfrutar la ciudad —parques, espacios públicos, recorridos peatonales, etc.— se han vuelto escasas.
Aun así, la mayoría de las personas en Aguascalientes todavía se desplaza en modos distintos al automóvil. Según el censo más reciente del INEGI, el 69% de quienes acuden a un lugar de estudio lo hacen a pie, en bicicleta o transporte público. Y el 52% de quienes trabajan realiza al menos un trayecto a pie, en transporte colectivo o en bicicleta. Sin embargo, la inversión pública no refleja esta realidad: los recursos destinados a infraestructura para movilidad no motorizada o transporte público son desproporcionadamente menores a los asignados a obras vehiculares.
Las administraciones suelen justificar esta inequidad argumentando falta de recursos, pero existen acciones de alto impacto que requieren inversiones moderadas y pueden transformar, así sea de manera temporal, la forma en que las personas se desplazan en la ciudad y apropian del espacio público. Un ejemplo son los programas de Calles Abiertas.
Estos programas convierten temporalmente algunas calles en espacios libres de automóviles para que las personas paseen, realicen ejercicio o simplemente disfruten del exterior. Más de 500 ciudades en 27 países cuentan con estos programas. En la Ciudad de México, desde 2007, se realiza el Paseo Dominical, que abre avenidas como Paseo de la Reforma para actividades deportivas y recreativas. En Guadalajara, los domingos se lleva a cabo la Vía RecreActiva, y en San Pedro Garza García, desde 2011, el programa San Pedro de Pinta abre la Calzada del Valle para actividades deportivas y recreativas.
En contraste, Aguascalientes cuenta con el programa VíaAgs, que en ocasiones abre unas pocas cuadras en el centro de la ciudad para actividades de esparcimiento. No obstante, su alcance es sumamente limitado, lo que hace que su impacto sea marginal. ¿Por qué no implementar un programa real de Calles Abiertas en Aguascalientes que habilite temporalmente nuevos espacios públicos en alguna calle como Gómez Morín, Madero, López Mateos, Zaragoza o Universidad? Un programa de este tipo promovería la actividad física, generaría oportunidades de convivencia y fomentaría nuevos paradigmas de movilidad.
Para ello, se requiere definir una ruta que conecte espacios culturales, recreativos y comerciales, integrando zonas habitacionales de distintos niveles socioeconómicos. La extensión ideal sería de entre cinco y diez kilómetros, para captar el interés de diversos participantes: peatones, corredores, ciclistas, familias, etcétera.
También es necesario gestionar el tránsito vehicular mediante rutas alternas durante el horario del programa, preferiblemente los domingos en la mañana, cuando el tráfico es menor y muchos negocios permanecen cerrados. Asimismo, debe establecerse una frecuencia regular —por ejemplo, todos los domingos o al menos cada quince días— que permita a las personas planear su participación en el programa y a los automovilistas adaptarse a las rutas alternas.
A lo largo de la ruta pueden incorporarse actividades complementarias como clases de ejercicio, bici escuelas, talleres de nutrición, chequeos médicos, oferta de alimentos saludables, entre otros, distribuidas estratégicamente para motivar a los participantes a recorrer toda la ruta.
El financiamiento podría provenir tanto de recursos públicos como de aportaciones de empresas privadas y organizaciones sociales interesadas en temas de salud, medio ambiente, deporte o cultura. En América Latina, la mayoría de estos programas se sostiene con recursos públicos, pero incorpora múltiples patrocinadores que contribuyen en dinero o en especie.
Para garantizar su continuidad, es fundamental conformar un equipo operativo sólido. Además de un director que supervise la planeación y operación del programa y coordine servicios como policía, tránsito y paramédicos, se requieren coordinadores de redes comunitarias, voluntariado, comunicación, tránsito, administración, entre otros.
Por último, como demostró el Maratón de Aguascalientes, en la ciudad existe capacidad organizativa e interés ciudadano por participar en actividades en el espacio público. Esto sugiere un alto potencial para implementar programas que ofrezcan a las personas oportunidades de convivir al aire libre. ¿Por qué no pensar en un verdadero programa de Calles Abiertas?
Este texto se publicó el 03 de noviembre de 2025 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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