En días recientes, el Centro Estatal de Emergencias de Aguascalientes dio a conocer que el estado enfrenta un escenario crítico en materia de siniestros viales, con un promedio de una muerte diaria y alrededor de 680 accidentes al mes. Las principales causas de la letalidad son “el exceso de velocidad, la falta de respeto entre automovilistas y motociclistas, los descuidos y el uso del celular en semáforos”, entre otros.
Estas cifras deberían ser un escándalo, si no fuera porque, lamentablemente, los hechos de tránsito —incluyendo muertes y lesiones graves— se han normalizado. Cada vez más se asume que forman parte inevitable de la movilidad e incluso se llegan a considerar como un riesgo inherente e inevitable que hay que asumir por trasladarse en la ciudad. No es así. Aunque los hechos de tránsito ocurren en todas las ciudades, las muertes que resultan de ellos no son normales. Pueden existir hechos de tránsito, pero no tendrían porqué terminar en fallecimientos ni lesiones graves.
En ese contexto, es necesario reconocer que las altas velocidades vehiculares —una de las principales causas de letalidad— no son responsabilidad exclusiva de los conductores, sino también de quienes diseñan, construyen y operan las vialidades. Las calles se diseñan y gestionan para una velocidad objetivo, conocida como “velocidad de diseño”, que se induce mediante señales físicas y perceptivas. Vialidades más anchas y sin dispositivos para controlar la velocidad, como semáforos, retornos, reductores de velocidad o cruces peatonales a nivel, propician velocidades más altas. En Aguascalientes se ha priorizado la construcción de infraestructura vehicular de alta capacidad, como distribuidores viales o pasos a desnivel, que por su configuración física inducen velocidades elevadas. Por ello, los hechos de tránsito deben entenderse como una responsabilidad compartida entre quienes diseñan y operan las vialidades y los usuarios.
Además, diseñar para una velocidad determinada es una decisión deliberada. Por ello, resulta contradictorio construir autopistas urbanas dentro de la ciudad y esperar que los conductores mantengan velocidades bajas si no existen elementos que los induzcan a hacerlo. Un ejemplo es el circuito de “flujo continuo” en el Segundo Anillo, un proyecto construido por el gobierno estatal anterior que, por reducir unos pocos minutos en trayectos fuera de horas pico —en horas pico muchos pasos a desnivel ya están saturados—, ha afectado la movilidad y la seguridad de automovilistas y motociclistas prudentes, peatones, ciclistas y usuarios de transporte público, quienes hoy enfrentan un mayor riesgo para acceder a sus destinos.
Es indispensable promover vialidades más seguras mediante un diseño seguro que considere los errores y la tolerancia humana a la severidad de un impacto vial. Intervenir zonas con alta incidencia de siniestros puede realizarse mediante acciones rápidas y de bajo costo, como la reducción del ancho de carril, la incorporación de elementos reductores de velocidad, la construcción de camellones, áreas de resguardo peatonal, cruces seguros, la adecuación de banquetas, etcétera. Estas intervenciones disminuyen la velocidad vehicular y pueden reducir la gravedad de las colisiones.
Otro factor relevante es el incumplimiento de la normativa vial por parte de los usuarios. Aunque la Ley de Movilidad establece límites máximos de velocidad, muchos vehículos circulan muy por encima de ellos, especialmente en vías como Segundo Anillo. Aunado a esto, la limitada presencia de agentes viales y la ausencia de sistemas tecnológicos de control de velocidad dificultan la gestión adecuada del tránsito. Hace tiempo, la Secretaría de Seguridad Pública Municipal señaló que requería más de 200 nuevos agentes de tránsito para aumentar su capacidad de control vial. Sin embargo, la tecnología disponible permite gestionar de manera profesional y efectiva el tránsito sin depender exclusivamente del personal operativo.
En ese sentido, una medida probada y eficaz, aunque impopular entre actores políticos y ciudadanos, es la implementación de dispositivos de fotoinfracción o “cámaras salvavidas”. La evidencia indica que estos sistemas reducen de manera significativa la velocidad y la gravedad de los siniestros. De acuerdo con el World Resources Institute, en Guadalajara, las fotoinfracciones lograron una disminución del 53% en muertes por hechos de tránsito en el Periférico de esa ciudad entre 2010 y 2015. No obstante, para garantizar su efectividad, estos sistemas deben implementarse con transparencia, confiabilidad y procesos verificables.
En resumen, las muertes por hechos de tránsito no son normales ni inevitables. La mayoría son prevenibles si los incidentes ocurren a velocidades moderadas. Aunque los errores humanos persistirán, no es aceptable que muera una persona al día en las calles de Aguascalientes. Esta es una enorme área de oportunidad para lograr resultados reales, concretos y tangibles, siempre que exista voluntad, capacidad y habilidad para actuar.
Este texto se publicó el 01 de diciembre de 2025 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
Deja un comentario