En las últimas semanas distintas personas han comenzado a manifestar su intención de competir por la presidencia municipal de Aguascalientes en el 2027. Este fenómeno se intensificará durante el segundo semestre del año, cuando la atención del gobierno y de los partidos y actores políticos comience a concentrarse casi de manera exclusiva en el proceso electoral. En ese sentido, han surgido aspirantes que van desde empresarios interesados en incursionar en la política local, hasta políticos —y políticas— con trayectoria en cargos públicos, aunque sin resultados claramente identificables, así como nuevos perfiles cuya principal credencial parece ser su cercanía con la actual administración estatal.
Así, algunos aspirantes buscarán construir su candidatura a partir de su carrera partidista, su experiencia en el servicio público o su éxito empresarial, mientras que otros confiarán en que su proximidad con quienes hoy gobiernan será suficiente para hacerse de la candidatura. Ninguno de estos elementos, sin embargo, garantizaría por sí mismo una gestión municipal eficaz.
En ese contexto, resulta relevante recordar algunas de las cualidades que Benjamin Barber —estudioso de los gobiernos locales y autor del libro Si los alcaldes gobernaran el mundo— identifica entre alcaldes exitosos a nivel internacional. En particular, Barber subraya tres rasgos: un enfoque pragmático de gobierno, un alto grado de compromiso personal con los asuntos de la ciudad y una sólida capacidad para construir coaliciones, resolver conflictos y traducir decisiones en resultados concretos.
En primer lugar, Barber sostiene que los alcaldes eficaces tienden a ser pragmáticos. Es decir, priorizan la solución de problemas y la obtención de resultados por encima de disputas ideológicas que, como hemos visto a nivel nacional, suelen llevar a una pésima gestión. En México, el pragmatismo a nivel local tiene una razón clara: el artículo 115 de la Constitución establece que los gobiernos municipales son responsables directos de la provisión de bienes y servicios públicos esenciales, como agua potable, saneamiento, alumbrado público, recolección de residuos, vialidades, parques, tránsito y mercados, entre otros.
Estos servicios poco tienen que ver con cuestiones ideológicas, pues como señaló alguna vez Teddy Kollek, alcalde de Jerusalén entre 1965 y 1993, no existe una forma de izquierda o de derecha de recoger la basura o desazolvar el drenaje; simplemente hay que hacerlo, y hacerlo bien. En consecuencia, la gestión municipal requiere capacidad para proveer bienes y servicios de calidad y resolver eficazmente los problemas cotidianos que impactan en la calidad de vida de la población.
En segundo lugar, Barber destaca la importancia del compromiso personal de los alcaldes con los asuntos de su ciudad. Conocer el territorio no es suficiente; importa el grado de compromiso e involucramiento real en la solución de problemas y en la atención de crisis. Este compromiso no solo transmite empatía hacia las necesidades de la población, sino que responde a una lógica elemental: quienes gobiernan una ciudad muy seguramente seguirán formando parte de ella una vez concluida su gestión. De ahí que muchos alcaldes exitosos en el mundo sean ampliamente conocidos en barrios y colonias, sin que ello implique confundir popularidad con buen gobierno.
En tercer lugar, los alcaldes exitosos logran equilibrar la tentación de acudir a una gran cantidad de eventos públicos con el tiempo necesario para el análisis, la evaluación y el seguimiento de las políticas públicas. La presencia constante en actos públicos supone cercanía con la población, pero reduce el tiempo disponible para la toma de decisiones informadas. En este sentido, Barber subraya que gobernar eficazmente implica no solo mantenerse cerca, sino también pensar, planear y decidir.
Finalmente, Barber sugiere que gobernar eficazmente una ciudad implica construir coaliciones y relaciones funcionales con los propios funcionarios de la administración, integrantes del cabildo, organizaciones de la sociedad civil, asociaciones empresariales, grupos vecinales y medios de comunicación. Los alcaldes exitosos son lo suficientemente hábiles para articular múltiples actores en torno a objetivos concretos, de manera que faciliten la solución de problemas y la implementación de programas de gobierno. En otras palabras, estos alcaldes tienen habilidades para conciliar intereses diversos y crear coaliciones en beneficio de su ciudad.
La pregunta clave, entonces, es si quienes ya están levantando la mano para competir por la presidencia municipal de Aguascalientes cuentan con estas capacidades, más allá de su trayectoria partidista o de su cercanía con grupos que actualmente ocupan posiciones de poder.
Este texto se publicó el 23 de febrero de 2026 en El Heraldo Aguascalientes.
fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco
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