En las últimas semanas ha resurgido la propuesta de crear un nuevo municipio en Aguascalientes, que comprendería principalmente la zona de Villas de Nuestra Señora de la Asunción, actualmente parte del territorio oriente del municipio capital. Sus promotores sostienen que un nuevo municipio permitiría una administración más cercana y ágil. ¿Pero realmente la fragmentación administrativa mejoraría los servicios públicos y la calidad de vida? ¿Lo que necesita Aguascalientes es más municipios o mejor gobernanza urbana?

Conviene primero mencionar los intereses reales que suelen motivar este tipo de propuestas. En otras entidades del país, la creación de nuevos municipios ha respondido a lógicas de control político-electoral, acceso a presupuestos públicos o control sobre recursos estratégicos como el agua. También suele existir la idea de que, al reducir la población atendida de un municipio, el presupuesto rendirá más. Estos intereses no deben ignorarse.

Dicho esto, la propuesta genera más preguntas que respuestas. Los municipios en México dependen en un 74% de transferencias intergubernamentales; solo uno de cada cinco pesos de sus presupuestos proviene de fuentes propias. ¿Cuánto recibiría el nuevo municipio bajo las fórmulas de distribución vigentes? ¿Cuál sería su base gravable del impuesto predial —la principal fuente de ingresos propios— y contaría con la capacidad institucional para gestionarlo? ¿Tendría capacidad real para hacerse cargo de los servicios básicos: agua, drenaje, alcantarillado, recolección de residuos? Si el municipio de Jesús María, parte de la zona metropolitana y gobernado por el mismo grupo durante múltiples periodos, presenta rezagos considerables en indicadores básicos —decenas de vialidades sin pavimentar, por ejemplo—, ¿qué razones hay para suponer que un municipio de nueva creación, con recursos y capacidades más limitados, lo haría mejor?

En una entidad donde el 70% de la población vive en la zona metropolitana, fragmentar la gestión urbana es exactamente lo contrario de lo que la evidencia recomienda. Una investigación de la OCDE, con datos de más de dos millones de personas en cinco países, encontró que duplicar el número de gobiernos locales dentro de una zona metropolitana reduce la productividad en un 6%, mientras que la presencia de organismos de gobernanza metropolitana reduce esa penalización a la mitad.

Lo que Aguascalientes necesita, por tanto, no es un municipio más, sino mejores modelos de gobernanza urbana y metropolitana. Los problemas ambientales —contaminación, estrés hídrico, cambio climático— no reconocen límites municipales. La fragmentación regulatoria del uso del suelo puede acentuar la segregación espacial y el acceso inequitativo a servicios. La descoordinación en la prestación de servicios básicos incrementa costos operativos y genera coberturas insuficientes.

¿Por qué no debatir, entonces, nuevos modelos de gobernanza urbana y metropolitana? Los más sencillos son los acuerdos de cooperación intermunicipal: consorcios o consejos enfocados en coordinar un servicio específico —agua, residuos, etcétera—. Un ejemplo en México son los Sistemas Intermunicipales para el Manejo de Residuos (SIMAR) de Jalisco, organismos públicos descentralizados que gestionan residuos a escala intermunicipal. A nivel internacional, estudios sobre alianzas intermunicipales en países con evidencia confiable —como Noruega— muestran que, cuando estas alianzas pasan de 10 mil a 60 mil habitantes, existe un ahorro del 4% en el costo de algunos servicios básicos, por economías de escala.

Pueden explorarse también autoridades metropolitanas con facultades reales y poder de decisión sobre múltiples servicios. A nivel mundial, Metro Vancouver, creada en 1967, es una federación de 21 municipios que planifica y presta servicios regionales —agua potable, aguas residuales, residuos sólidos, parques y vivienda asequible— y es uno de los modelos metropolitanos más consolidados de la región. La Agencia Nacional de Agua de Singapur, por su parte, es referencia internacional en gestión integrada del agua: administra el ciclo completo del recurso para una ciudad de seis millones de habitantes, sin fragmentación entre agencias o territorios.

En materia de planeación, también existen experiencias relevantes. El Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN), creado en 2014 para coordinar los nueve municipios de esa zona, es la primera iniciativa de su tipo en México y produce instrumentos de planeación territorial metropolitana. Su propósito central es superar precisamente la fragmentación que existe entre gobiernos locales. Mientras estos modelos apuntan a integrar la planeación y prestación de servicios para mejorar la gestión urbana, la propuesta en Aguascalientes va en la dirección contraria.

En suma, separar una porción densamente poblada del municipio capital podría significar, en la práctica, destinar esa zona a mayores rezagos en servicios y oportunidades. Aguascalientes tiene una oportunidad real: diseñar mejores modelos de gobernanza que optimicen recursos y aprovechen las economías de escala que resultan de planificar y operar la ciudad de forma integrada. La pregunta no es cuántos municipios tiene Aguascalientes, sino qué tan bien gobernada está la ciudad.

Este texto se publicó el 15 de junio de 2026 en El Heraldo Aguascalientes.

fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco

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