En días recientes, el gobierno estatal anunció la llegada de 38 nuevos  autobuses que se integrarán a algunas rutas del transporte público. Algunas unidades, según el anuncio, cuentan con tecnología híbrida que reduce emisiones, están equipadas con cámaras de videovigilancia y tienen una entrada especial para facilitar el acceso a personas con discapacidad.

Sin embargo, para que estas inversiones realmente impacten de manera positiva el  servicio, deben traducirse en mejoras reales, tangibles y medibles enfactores que determinan la calidad del transporte público:la cobertura del sistema, es decir, qué tantas zonas abarca y qué tan accesible es para los usuarios; la frecuencia, es decir, qué tan rápido pasa un autobús tras otro para reducir los tiempos de espera; y la confiabilidad, es decir, que las variaciones entre los tiempos de viaje y los horarios programados sean mínimas. De lo contrario, los autobuses pueden ser nuevos, más modernos y contaminar menos, pero el servicio puede seguir siendo deficiente y seguir limitando la movilidad de los usuarios.

De hecho, la percepción de los usuarios en Aguascalientes muestra que los principales aspectos a mejorar son precisamente la cobertura y la frecuencia. De acuerdo con la  Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2025, los usuarios en Aguascalientes reportan mayor satisfacción que el promedio nacional en criterios como el trato del operador, los espacios para personas con discapacidad, la facilidad de ascenso en paradas oficiales, la seguridad ante la delincuencia y el estado y limpieza de las unidades. Sin embargo, están considerablemente menos satisfechos que el promedio nacional en dos de los aspectos más relevantes: tiempo de espera y cobertura de rutas. Solo el 54% de los usuarios en Aguascalientes considera que las rutas son suficientes, frente al 68% nacional; y solo el 35% está satisfecho con el tiempo de espera entre unidades, frente al 55% nacional.

Los datos públicos de la frecuencia del transporte confirman ese diagnóstico. El gobierno estatal publicó en febrero de 2026 la frecuencia aproximada de las 46 rutas urbanas que integran el sistema. El promedio entre todas las rutas es de 29 minutos, con un rango que va de 6 minutos —Ruta 50— a 67 minutos —Ruta 52—. De acuerdo con el Transit Capacity and Quality of Service Manual (TCRP) del Transportation Research Board de Estados Unidos, uno de los estándares globales más reconocidos para evaluar la calidad del transporte público, un servicio deja de ser atractivo para los usuarios cuando la frecuencia supera los 20 minutos. Con ese criterio, 8 de cada 10 rutas en Aguascalientes —el 80%— operan por debajo del umbral mínimo de calidad. Solo 9 de las 46 rutas se ubican en un rango de frecuencia aceptable, y de esas, únicamente una alcanza el nivel más alto recomendado, con tiempos de espera menores a 10 minutos.

Ahora bien, ampliar la cobertura y mejorar la frecuencia y confiabilidad tienen un costo operativo considerable. Se requieren recursos significativos para llevar rutas a zonas cada vez más distantes —dado el crecimiento urbano acelerado que ha experimentado Aguascalientes— y para garantizar que los autobuses pasen con mayor frecuencia, especialmente en las rutas y horarios de mayor demanda. Los ingresos por tarifa son insuficientes para financiar esos costos adicionales; de lo contrario, la tarifa al usuario tendría que incrementarse de manera significativa, lo que marginaría a una parte importante de los usuarios y haría que el transporte pierda su sentido social.

Por eso es fundamental movilizar recursos de otras fuentes para invertir en transporte público. Los subsidios estatales para el transporte, que actualmente rondan los 300 millones de pesos anuales, son un componente necesario pero insuficiente —y vale la pena preguntarse cuánto se destina a subsidiar, por ejemplo, eventos y espectáculos durante todo el año, para dimensionar las prioridades reales del gasto. Fuentes de ingresos adicionales podrían incluir la reactivación de la tenencia vehicular —un impuesto eficiente, progresivo y sostenible y que dejó de existir en 2016—; mecanismos de financiamiento bursátiles como bonos verdes para la construcción de infraestructura; publicidad en paraderos —que hoy captan principalmente los municipios y no se reinvierten en el sistema—; ingresos por sistemas de parquímetros, entre otros. Depender exclusivamente del subsidio estatal, sujeto a coyunturas políticas y otros intereses, sin movilizar recursos adicionales, es condenar al transporte a ser un  servicio poco óptimo de manera indefinida.

En resumen, mientras la cobertura, la frecuencia y la confiabilidad del transporte en Aguascalientes no mejoren de manera sustancial, es altamente probable que el sistema siga perdiendo usuarios, limitando la movilidad de la población y profundizando la dependencia del automóvil. Las consecuencias son conocidas: más tráfico, más accidentes, mayor contaminación y expansión urbana desmedida.  Autobuses nuevos, sin mejoras reales en el desempeño operativo, serán insuficientes para revertir esa tendencia. Veremos.

Este texto se publicó el 13 de julio de 2026 en El Heraldo Aguascalientes.

fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco

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