En años recientes ha crecido el reconocimiento del papel que juegan las ciudades y el entorno construido en el desarrollo físico, cognitivo, social y psicológico de los niños. Por ello, algunas ciudades del mundo están impulsando lo que se conoce como “urbanismo para la infancia”: un enfoque para diseñar ciudades que mejoren el desarrollo y las oportunidades de los niños. Este enfoque reconoce que el entorno en que crecen es un determinante clave de su desarrollo, con efectos que se extienden a su vida adulta. Por ejemplo, actividades cotidianas como caminar, ir en bicicleta o jugar al aire libre favorecen la actividad física y la salud; en contraste, la dependencia del automóvil y la ausencia de espacio público desincentivan la actividad física, limitan la movilidad autónoma y reducen las oportunidades de los niños de explorar su entorno, relacionarse con otros y desarrollar habilidades sociales. En el fondo, lo que los niños necesitan de una ciudad es lo mismo que cualquier persona: calles seguras, acceso cercano a espacios verdes y recreativos de calidad, posibilidad de desplazarse de manera autónoma y lugares donde convivir.

Aguascalientes tiene un desempeño pobre en este campo. Los niños están cada vez más confinados a los muros de sus casas, al interior de los automóviles y a los centros comerciales a los que sus cuidadores se ven obligados a acudir aun para actividades tan básicas como salir a caminar. Basta observar el poniente de la ciudad —un ejemplo evidente del rezago en este tema—, donde se concentra gran parte del desarrollo de vivienda actual: no existe un solo parque público en toda esa zona; las calles están diseñadas exclusivamente para automóviles y carecen de los elementos más básicos, como banquetas dignas, cruces peatonales seguros y sombra; y los espacios de esparcimiento y equipamiento para los niños son prácticamente inexistentes. Lo mismo ocurre en el oriente y otras zonas de la ciudad. Esta es la creciente realidad de Aguascalientes, una ciudad que en los últimos años ha empeorado en este campo sin que se haga algo para revertirlo. En otras palabras: Aguascalientes es, cada vez menos, una ciudad para los niños.

¿Qué puede hacerse? La experiencia nacional e internacional apunta a varias posibilidades. La primera y más urgente es recuperar las calles para las personas: banquetas amplias y seguras, velocidades vehiculares moderadas, cruces peatonales seguros, barrios de usos mixtos que favorezcan caminar a destinos cotidianos e infraestructura ciclista de calidad son medidas que amplían la posibilidad de los niños —y en realidad de todas las personas— de desplazarse al exterior, refuerzan la sensación de seguridad y fomentan la interacción social.

La segunda, igual de importante, consiste en mejorar la infraestructura para la infancia, que incluye parques, plazas y otros espacios públicos suficientes, de calidad y accesibles sin necesidad de desplazamientos largos. En una ciudad como Aguascalientes, que no destaca por su oferta, gestión ni política de espacios públicos, es común que las familias deban recorrer 20 o 30 minutos para llegar a un parque mínimamente atractivo, o esperar al fin de semana para poder llevar a sus hijos a uno. La proximidad importa: la probabilidad de que un niño use un espacio disminuye significativamente más allá de 800 metros de su hogar, lo que subraya la necesidad de distribuir el equipamiento de manera accesible y equitativa en toda la ciudad.

Esta es un área de oportunidad crítica para ciudades como Aguascalientes, pues, como señala un reporte del Tec de Monterrey y la Fundación FEMSA, “los espacios públicos son fundamentales para el desarrollo de la infancia, ya que en ellos pueden desarrollar capacidades físicas, cognitivas, sociales y psicológicas. A la vez, aprenden sobre su entorno desarrollando sentimientos de pertenencia, comunidad y respeto. En los espacios públicos, los bebés, niñas y niños refuerzan su entendimiento del colectivo, de lo que representa vivir en un entorno compartido, en donde interactúan personas de distintas procedencias y perspectivas. Los espacios públicos para la infancia, si son diseñados de manera óptima, permiten generar entornos y barrios seguros, dinámicos y saludables”.

En conclusión, Aguascalientes está fallando en las oportunidades que ofrece a sus niños, padres y cuidadores. La ciudad, a través de decisiones de quienes gobiernan, confina cada vez más a los niños al interior de los hogares, los automóviles y los centros comerciales. Para ser verdaderamente una ciudad de oportunidades y buena calidad de vida para todos, Aguascalientes necesita planificar y diseñar su entorno construido pensando también en los niños. Pero, ¿quiénes toman las decisiones realmente tienen interés en mejorar la ciudad?

Este texto se publicó el 11 de agosto de 2026 en El Heraldo Aguascalientes.

fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco

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